Esas veces en las que estás hablando
con alguien y desearías tenerlo delante para partirle la cara y
dejarle las cosas bien claras. Eso me acaba de suceder a mí pero no
lo hice por dos razones básicas estaba hablando por teléfono y la
persona con la que hablaba era mi padre. Sí, ya sé que no debería
hablar mal de mis padre porque fue él quién me trajo al
mundo y quién me crió pero a parte de eso yo no tengo nada que
agradecerle a mi padre, en el fondo y aunque intente disculparle
diciendo que pensaba que hacía lo mejor para mí, no puedo girar la
vista y no darme cuenta de que si estoy como estoy y en lugar en el
que estoy no es por mi culpa sino por la suya.
Y es que prefiriría mil veces que me
hubiera dejado tomar a mi mis propias decisiones, no digo que fueran
mejores ni que no estuvieran equivocadas, pero si con ellas hubiera
fallado sabría que el error era mío. Pero es que no estoy perdiendo
un año de mi vida repitiendo por mi culpa como él dice, sino que
estoy perdiendo un año de mi vida repitiendo porque él me obligo a
hacer el puto bachiller de ciencias. Quizás si me hubiera dejado
hacer el de Artes o el ciclo medio que yo quería hacer también
estaría perdiendo un año, pero por lo menos lo perdería por mi
propia decisión y los dos anteriores habría estado haciendo algo
que en realidad me gustaba.
No le pienso recriminar nada porque sé
que nunca me dará la razón. Es más, aún hoy en día sigue
intentando “obligarme” a hacer una carrera “que sea útil”. Pero es que yo no quiero pasarme el resto de mi vida
haciendo algo útil, quiero pasarla haciendo algo que me guste,
quiero que ir al trabajo sea algo que me entusiasme, quiero que si
algún día tengo hijos digan que su madre luchó por cumplir sus
sueños, por ser quien realmente quería ser.
Por eso y por muchas cosas más esta
vez no tomará el las decisiones por mí, esta vez seré yo la que
tome las riendas de mí vida, porque esta vida es la mía y no la
suya.
Siento si esta entrada no os gusta,
pero espero que os anime a luchar por vuestros sueños aunque para
ello tengáis que enfrentaros a quien sea, incluso a la persona que
os dio la vida.
Quizá algún día en el futuro mi padre
comprenda que lo único que su hija quería era vivir su vida y que
en esta ocasión es él el que se equivocaba. Hasta que ese día
llegue, le guardaré rencor y, quizá ese día llegue a poder convivir
con él como una familia normal, como hace años que no sucede. Pero
una cosa sí que tengo clara, las lágrimas de hoy no te las
perdonaré nunca y mi vida es mía no tuya. El echo de habermela dado
no significa que puedas decidir sobre ella a tu antojo.
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